Hace algún tiempo escribí esta entrada:
Puertas, puertas, puertas, que os abrís, que os cerráis. Luminosas, oscuras, brillantes, de entrada, de salida, automáticas, manuales, giratorias, enrejadas, de cristal, ciegas, de madera, de hierro, lacadas, barnizadas, pintadas, con pomos, con manivelas, con cerradura, de vaivén, electrificadas, correderas, puertas, puertas, puertas. Pasamos tanto tiempo entre ellas que a veces me pregunto si la libertad tiene puertas o cuántas puertas deberán abrirse y cerrarse para llegar a ser uno mismo... Seguramente la respuesta esté detrás de una de ellas.
Ahora recapacito sobre ésta entrada y llego a formular una axioma: “Lo verdaderamente importante es atreverse a cruzar las puertas para llegar a ser uno mismo, el acto en sí denota búsqueda y aceptación del riesgo, aunque las puertas solo estén entreabiertas...”
In dubiis, ábstine