Desde la noche de los tiempos



En el antiguo Egipto se desarrolló un sistema de medición del tiempo para los periodos nocturnos, en ese momento en el que el reloj de sol perdía su utilidad al ocultarse éste en el horizonte. Consistía, en su forma más básica, en una vasija o recipiente con varias marcas en sus paredes y un orificio en su base, se llenaba de agua y dependiendo del diámetro del orificio el agua salía con mayor o menor fluidez, conforme iba vaciándose a lo largo de la noche iba dejando al descubierto las marcas, estableciendo así los tiempos nocturnos. Había nacido La Clepsidra, palabra que proviene de la griega klepsydra, klepto (robo) hydro (agua), el ladrón de agua.

Las palabras son como gotas de esa clepsidra que miden el tiempo en pasado, presente y futuro, tengo mi recipiente lleno de esas palabras que esperan fluir lentamente como una gota de tiempo en el océano para finalmente convertirme en un ladrón de tiempo, tu tiempo.


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jueves, 28 de noviembre de 2013

A salvo?

Cuando las cosas van mal y piensas que nada funciona en tu vida, a modo de consuelo, uno se instala en lo catastrófico con el deseo subliminal de que si tu explotas el mundo entero lo haga también contigo.

Ahora me siento un auténtico pasota de las crisis, de los funestos Nostradamus y Parravicini, de los tsunamis, tifones, ciclones, huracanes, tornados, del calentamiento global y el deshielo del Ártico, de la destrucción de la capa de ozono, de las tormentas solares, de los políticos, de los conspiranoicos del Priorato de Sión, del Apocalipsis de San Juan, de los secretos de Fátima, de la profecía de los papas de Malaquías, de… etc…


Y es que ahora me levanto por las mañanas dispuesto a afrontar el día con el convencimiento de que nada malo puede ocurrir mientras en la antigua cafetera de mi madre sigan creciendo las plantas.


             Texto y foto by Johnny

martes, 21 de febrero de 2012

En el Ojo del Cíclope

Las ciudades ya no tienen murallas pero si puertas, rejas, cerraduras y llaves.
Los corazones ya no tienen cadenas, pero son frágiles y se rompen.


Las almas ya no temen al infierno y el pecado, pero vuelan tan alto, cual Ícaro obstinado, que el sol derrite la cera de sus alas.


Dicen que los tiempos están cambiando, pero yo sigo aquí instalado en el Ojo del Cíclope contemplando que en el Tártaro nada ha cambiado.


Inmovilismo involuntario a merced de los dioses del Olimpo...como siempre.




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Texto y Foto by Johnny